Miles de turistas invaden las playas de la comarca el fin de semana

Julio 14th, 2009

-El sol animó a los visitantes a decantarse por la costa y las carreteras apenas sufrieron atascos.
-Picos de Europa y turismo activo, la otra alternativa.
A Asturias, aunque el clima no siempre es predecible, también se viene a la playa. Y si no, que se lo digan a los miles de turistas que dejaban ayer los arenales de la comarca sin un hueco para instalar la sombrilla de los menos madrugadores. No eran las doce del mediodía cuando la bandera verde que ondeaba a la par de la insignia de la Q de Calidad Turística de la playa de Santa Marina, en Ribadesella, invitaba a los bañistas a adentrarse en aguas del Cantábrico. No había hueco para nadie más y algunos se pensaban si bajar al arenal, viendo el panorama. Era el caso de dos parejas de leoneses. «Vinimos a pasar el día», comentaba Carmen, y acabaron en la playa «porque el sol te invita a ello». Si hubiera hecho malo, «porque no sabíamos qué tiempo haría, nos hubiéramos ido a comer, que aquí se hace muy bien», decía entre risas. La acompañaba su marido Cecilio, una pareja de amigos, Ana y José Carlos, y las hijas de ambas, Camino y Marina, de siete meses. Ésta «es la primera vez que ve el mar», apuntó su padre. Las calles de la villa estaban casi desiertas. Sólo unos pocos buscaban hueco para poder ver la Fórmula 1. Vicente y Tony, una pareja de valencianos, están de camping hasta el día 19 «y estamos un poco aburridos de playa». Por eso aprovechan su tiempo «para ir de fiesta». La noche del sábado disfrutaron de la sidra en Nava.
En Lastres, a pesar de la cantidad de gente -y «los pocos aparcamientos», se quejaban los hosteleros- que atestaron las calles de la villa durante el sábado y parte del domingo buscando las localizaciones de la serie Doctor Mateo y visitando el casco histórico, quedaban todavía bañistas que acudían a la playa desde temprano. Por la zona de San Roque paseaban tranquilos los belgas Kris, Ilse y Eva Penre. «Hace 5 años nos compramos una casa en Villaviciosa porque nos encanta esto», decía Kris. «Hoy pasaremos el día en Lastres, que lo acabamos de conocer y es precioso», apuntó. Minutos más tarde estaban tomando una sidra en el puerto. A escasos metros de la escuela de buceo donde su propietario, Orlando Candás, ultimaba los detalles para salir con unos cuantos buceadores. La temporada de verano «no va del todo mal», aseguró.
Sin plazas en La Griega
A escasos dos kilómetros de Lastres, en la playa de la Griega, no había ya sitio para aparcar. Así que los que iban llegando dejaban el coche a orillas de la carretera. Muchos conductores desconocían que en la jornada del sábado «todos los que dejaron allí el vehículo fueron multados», según una hostelera.
Lo mismo tenían que hacer los que optaron por darse un chapuzón en la playa de Barro, en el concejo de Llanes. A la una de la tarde no cabía un coche en los aparcamientos de la zona, ni una persona más en el arenal. En la cala de El Sablón, Toró, Ballota y otras tantas del municipio la fotografía de aluvión de turistas y coches se repetía.
Y pese a que el buen tiempo animó a los turistas a acudir a las playas, tampoco pueden tener queja en el interior de la comarca. A pesar de que en la ciudad de Cangas de Onís parecía haber menos gente que en fines de semana con peor tiempo, cientos de personas caminaban entre el mercado dominical, los comercios y la obligada visita al Puente Romano. Ahí, junto a la cruz de la Victoria, estaban cuatro vallisoletanos. Noelia, Lucía, Mario y Alberto llegaron el viernes para alojarse en Mestas de Con y se iban ayer. Hicieron de todo, «ayer-por el sábado- nos abrasamos en la playa de Barro, aunque habían anunciado lluvia, hoy estamos conociendo Cangas de Onís y venimos de reservar una ruta en quad por Arriondas», resumía Noelia. Porque las empresas de turismo activo tampoco estuvieron paradas. Sólo había que echar un vistazo al Sella y ver que decenas de canoas invadían las aguas que ya se preparan para el Descenso Internacional.
Y por aquello de que la gente estaba tumbada en la playa, las carreteras apenas sufrieron atascos. Si acaso alguna que otra caravana pequeña motivada por algún turista que aprovecha el viaje para conducir y hacer fotos a la vez. Las terrazas, a la hora de comer, se llenaron de gente. Muchos hosteleros, sin embargo, se quejaban de que las consumiciones no son tan abundantes como en otras ocasiones.

Fuente de la noticia:elcomerciodigital.com

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